Última esperanza de la furia naranja

Un periodista debe ser imparcial.Dicen. El que me viera ahora pensaría que trabajo para La Razón o El Correo y es que no se bien si me convencieron o me obligaron a convertirme en uno de ellos. Quizá aquella guapa jovencita de ojos claros, cabello castaño que repartía esas prendas y alusiones naranja, tiraron por la borda toda la imparcialidad con el que llegue.

Quiero pensar que me obligaron y que era necesario, incluso vestirse así, para llegar a ver en vivo a aquella mujer de ojos jalados que hoy ha concentrado miles de seguidores. Pero quémás da.No por la prenda que llevo mis ideas van a cambiar;es más, me siento bien, porque creo que ni en mi cumpleaños me han obligado tantoa recibir un regalo.

Un polo blanco con letras grandes que dicen keiko, un poco ancho a mi parecer, ya que a pesar que lo llevo puesto sobre mi casaca aun no me da.Yaveo que lo han hecho pensando en su líder. Dos banderillas naranjas, pequeñas pero llamativos, sobre todo por el color; una pulsera de tela; hoy democracia se escribe con K y no con C,así lo demuestra estebrazalete, que si no fuera porque hoy es fiesta fujimorista pensaría que Pedro Pablo Kuczinskiestá en segunda vuelta, ya quecombina sus colores de campaña: rosado, azul y amarillo. Hasta hace unos segundos, mientras me detenía viendo todas estas prendas, me faltaba solo la gorra. Yano, aunque no se ni de donde apareció, lo cierto es que  hoy soykeikista.

Mientras me acerco a laavenida Paseo Colón por el jirón Chota, voy recordando la campaña roja y blanca que ahora, en este preciso momento, se está realizando, en la Plaza Dos de Mayo. Los dos tienen un mismo propósito; ambos son cierre de campaña, pero algo es diferente.¿Será la iluminación que acá, combinado con el naranja crea un ambiente tan claro como el día, o será quizá la mayor seguridad que hay por acá?. No lo sé, pero pronto lo sabré.

Son casi ocho de la noche y ya estoy en la avenida Paseo Colón. Es una fiesta; miles de personas gritan, arengan el nombrekeiko. Otros bailan al ritmo del grupo Hermanos Yaipén;otro más bien, no quieren perder la ocasión: la venta de comida, gaseosa, viseras, posters alusivos a keiko están por todas partes. Pero la cerveza en lata parece el negocio de la noche y la tentación de muchos. Por ahora, no quiero caer en tentación. Por ahora. Y como pensé antes, algo era diferente. De pronto noto que ese algo se convierte en muchos. Una de ellas es que aquí hay una mayor presencia de mujeres y niños que en Dos de Mayo; es más, me atrevería a decir que con en la fiesta nacionalista no hay niños.

Los simpatizantes siguen llegando de grupo  en grupo. Las personas ya han llenado el Paseo Colón desde la Plaza Bolognesi hasta el Jirón Washington. Estoy  en él a la altura del jirón chota y no logro observar el escenario,y más que por la distancia, por los numerosos y enormes carteles que tapanla visibilidad. Así que no me queda más que avanzar hacia adelante, haciala plaza Bolognesi en donde está el escenario. A medida que voy avanzando se va haciendo más difícil pasar. Me rindo, o mejor dicho,ya no se puede. Estoy casi a la mitad de la cuadra y mas no se puede avanzar, y aun es dificultoso ver con claridad a Eva Ayllón que ahora está en el escenario. Pero si algo se es que, como por arte de magia, de minuto en minuto iré avanzando poco a poco. Es que si algunos llegan otros también se van.

Gente de la molina y surco se hacen presente,más adelante casi pegados a la tribuna,está un gran grupo que ha venido desde Mala a ver a su líder. Y a pesar de que se divierten con Eva Ayllón, todos esperan la llegada de la candidata Fujimori.

Es exactamente 9:40 y aparece keiko SofíaFujimori Higuchi, el furor se enciende; las bombardas iluminan el cielo, algunos ruidosos “bocinas” hacen sentir su presencia, las miles banderillas flamean y todos vociferan y arengan  “keiko” “keiko”. Mientras desde más arriba, pasando la avenida Washington en donde se encuentra una de las sedes de campaña de Gana Perú, cientos de simpatizantes ollantistas observan, casi sin moverse, y sin comentar nada, la algarabía naranja que se vive metros más abajo.

Y como era de esperarse, al lado de keiko se encuentra PPK, Luis Castañeda Lossio, Máximo San Román y Alfredo Ferrero.De la señora Higuchi no se sabíamucho, solo algunas denuncias de ella en contra de su marido Alberto  que salía en la Primera o la Republica que nos hacían  recordar un poco de su existencia. Pero, hoy, está aquí, frente a miles de keikistas, fujimoristas, mostrando su apoyo a aquella hija mayor a quien acuso alguna vez de no defenderla nunca de los maltratos de su padre.

“Es un buen soldado de Chávez” y todos se encienden como si estuvieran manipulados con un interruptor que cuando la candidata necesita el aliento de su gente basta apretar el botón para llenarse de fuerza y motivación. “No hay que permitir injerencia extranjera” y de nuevo el interruptor.  No logro escucha todavía sus propuestas; todos, por ahora son ataques. Me hace recordar tanto a aquel mitin de Ollanta en la Plaza San Martín. Se acerca el día y crece “la guerra sucia”.

Pero qué más da si todo será igual: el mismo discurso, los mismos planes que ya todos sabemos. Ahora, lo que importa es lo que piensa la gente. Los de acá y los de allá. Mientras acá bailan y festejan, por allá la cosa no lo creo diferente y es que en estos lugares se comprueba la semejanza y la igualdad de los peruanos. Todos buscamos lo mejor. Y es por eso que es comprensible deducir que por acá, entre la fiesta naranja, hay muchas personas que no comparten sus ideas pero quieren informarse. Como aquel grupo de jóvenes que están a mi derecha a quienes no los escucho alentar; lo único que han hecho desde que llegaron es comentar sobre el espectáculo y debatir algunas propuestas tanto fujimoristas y otros ollantistas.

Y he encontrado aquella otra diferencia que me faltaba. Ahora lo sé. Un mitin, dicen, es una fiesta del Perú. Y en ella toda expresa nación, patria, en fin conjunto de peruanos con una misma idea. Y por más partido que sean lo más importante es la patria y con ella sus símbolos. He ahí la diferencia. Por más que lo busco, no encuentro por ninguna parte una bandera peruana, ni grande ni pequeña, con o sin escudo. No hay nada. Todo hoy aquí es naranja. ¿Será que rojo y blanco ahora no es símbolo de Perú si no de Ollanta?. Eso parece. En Dos de mayo todo es rojo y blanco.

La manifestación congregó  a miles de seguidores en la Plaza Bolognesi. Su estrado se colocó en el cruce con el Paseo Colón.

La manifestación congregó a miles de seguidores en la Plaza Bolognesi. Su estrado se colocó en el cruce con el Paseo Colón.

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