“El negocio de mañanita”

Mientras usted aun duerme hay personas que trabajan duro para tener todo preparado para la hora en el que se anime levantarse y vaya al supermercado o su mercadito del barrio en busca de sus apetitosas y deliciosas frutas frescas.

En cualquier otro lugar de Lima, los diarios llegan a los kioscos a las 6 de la mañana, pero aquí entre las tres o cuatro de la madrugada los periódicos ya están en ruma, en cada pasillo, en cada puesto, en manos de cada comerciante y si son El Comercio mucho mejor.

Lo peculiar que por aquí es que a la gente no le interesa si es  de un día pasado o de un año atrás, muchos menos si en la portada aparece Ollanta o Villarán; lo único que aquí importa es que sea “comercio” y es que por su utilidad hasta el nombre no les interesa. No los llaman diarios, periódicos; sino, simplemente, “comercio”. El Mercado Mayorista de Frutas sin “comercio” es como un baño sin papel. El “comercio” como lo llaman los comerciantes es un elemento importante para la venta de las diferentes frutas.

El lugar donde empieza el día

El lugar donde empieza el día

Van a ser a las ocho de la mañana y ya todo está más calmado; el alboroto de las cinco o las seis ha pasado en el Mercado Mayorista de Frutas de la Victoria. Si la hora punta en las pistas es a las siete u ocho acá es a las cinco. Los pasadizos, ahora, lucen más transitables; pero quedan los signos: mandarinas, tunas, duraznos, fresas están regados por el piso, totalmente aplastados y apachurrados; algunos combinados con “comercios” arrugados y sucios dan un aspecto casi desagradable. Algunos comerciantes toman su caldo mote, otros de gallina; y también hay de aquellos que prefieren un desayuno de quinua con pan, como un grupito de carretilleros de la Empresa SUTMA, más conocidos como los verdes.

“Levantarse a las cuatro para mí es tardísimo”, dice sonriente la comerciante Erika Quispe, mientras frota con una franela cada tuna, para sacarle brillo y venderlo a más. Su esposo Helber hace lo mismo. Erika y Helber parten de Huachipa que es donde viven a las 3:30, lo que hace suponer que por lo menos media hora antes ya están despiertos. Alrededor de las 4:30 de la madrugada ya están en el mercado para “enjabar” –poner las frutas en cajas de madera- y es aquí donde entra el “comercio”; estos se convierten en especie de protectores de la fruta ya que la separan de las ásperas maderas de las jabas. “De la sierra vienen en cajones grandes, así que hay que dividirlos en jabas”.

Si Erika encuentra sus cajas de tuna, duraznos ya en su lugar a las 4:30 de la mañana; es fácil deducir que los camioneros están en el mercado desde mucho antes. Y así es. Dirceo Fernández, transportista interprovincial, cuenta que está desde las dos por acá. “Mi chamba es matao, joven”, dice. Él trae frutas de la provincia de Huarochirí y cada sabado, por ejemplo, está todo el día en la chacra juntando y cargando los cajones de frutas a su camión. Y como es un trabajo arduo tiene cinco ayudantes. A las 10 u 11 de la noche están partiendo a Lima y al mercado llegan justo a las dos para descargar los cajones y dejarlos en el puesto de Erika y otros comerciantes.

La venta está en la mañanita, dicen los comerciantes. Sin embargo, el mercado atiende todo el día. Yenny Peña, comerciante de paltos, comenta que a partir de las ocho solo se vende por menor, mientras por su lado, como en un acto circense,  pasan dos jóvenes que llevan sobre el hombre cerca de diez jabas, el doble del tamaño de cada uno; cada paso que dan, las jabas se balancean a la derecha y a la izquierda. Parece que se van a caer, pero lo dejan en el piso totalmente ordenado, tal como lo llevaban en el hombro: uno sobre otro.

La bulla, el desorden pasan a un segundo plano. El trabajo de más de 810 comerciantes que hay en el Mercado Mayorista de Frutas es más que interesante, además de importante. Aquí hay de todo: comerciantes, carretilleros, vendedores de comida, de bolsas, cargadores de jabas, y hasta lustrabotas. Todos tienen el mismo fin: crearse ingresos económicos y de paso integrar ese círculo productivo y comercial que lleva cada día una fruta a la mesa de las familias limeñas.

En el día el los comerciantes también venden por kilos o por menor.

En el día el los comerciantes también venden por kilos o por menor.

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