Una interpretación vigente de la realidad peruana por Víctor Andrés Belaunde

A pesar de estar planteado casi hace 100 años atrás, la realidad peruana no parece haber cambiado mucho pese a que la globalización juzga arrebatarnos los últimos signos de identidad que visionó Víctor Andrés Belaunde ya a inicios del siglo XX.

Interpreta el Perú y su historia desde una perspectiva reconciliadora, mientras que los otros lo hacen desde una perspectiva de conflicto y lucha.

Interpreta el Perú y su historia desde una perspectiva reconciliadora, mientras que los otros lo hacen desde una perspectiva de conflicto y lucha.

Es clara la postura de VíctorAndrés Belaunde al elegir un punto medio entre las ideas radicales de Gonzales que según Ricardo Cubas estaba lleno de nacionalismo excesivo y con ningún afán de encontrar soluciones, opinión que por cierto, no comparto, y las ideas positivistas casi racistas de Riva Agüero. Para una época en el que surgían movimientos como el socialismo de Mariategui y el izquierdismo naciente del APRA de Haya de la Torre, quizá era mucho más fácil ‘colocarse’ en el punto medio de las ideas y presentarse con una nueva idea, es así que se es conservador y no liberal ni radical. Sin embargo creo yo que el acierto de Belaunde está en la búsqueda de una reconciliación nacional y su  “síntesis viviente” con el que siempre demostró que la idea errónea, casi descabellada de pretender olvidar y casi odiar a los españoles, invasores sería privarnos algo al que llamamos derecho, en este caso derecho al pasado.

Parece simple y hasta banal hablar de ello, sin embargo es necesario para empezar a simplemente definir que es la identidad en el que, aunque no queriendo, han entrado y nadie ha explicado todo lo que implica ser idéntico, ¿idéntico a qué?, sin duda alguna a la cultura como un sentimiento de pertenencia sin que sea excesivo en la forma sino en la esencia.

Es claro que en el Perú hay un problema de Identidad y que no es de ahora, sino que viene desde de la llegada de los españoles, tiempo en el que, bajo el dominio externo era necesario por la vida misma actuar lejos de nuestras costumbres y creencias. ¿Pero no se supone que ya el país no es más una colonia, un estado dependiente, sino una nación libre y que nuestro propio himno nacional a todo momento repite la palabra libertad como queriendo restregar a todo el mundo que ya no pertenecemos a nadie? Lo raro es que no somos tan libre como dicen que somos aunque, de pronto nos los creamos, basta revisar el modelo económico que sigue el país para darnos cuenta que seguimos tan atado como en la época del virreinato. Bueno pero esto es un tema aparte.

El problema es que queremos generalizar diciendo que el peruano no tiene identidad. Soy contundente al decir que nos cegamos y como nunca hemos conocido otra realidad pensamos que todos son iguales a los limeños. El problema de identidad es netamente de la capital o, en todo caso, urbano, porque estoy completamente seguro de que los personas del interior del país, de los pueblos, comunidades son más peruanos que el propio limeño que dice serlo simplemente porque a diario canta el himno nacional o porque come sus productos andinos.

Y aunque muchos no concuerden el limeño de hoy cada vez es más alienado, tanto que los migrantes del interior del país terminan contagiándose y entonces le queda mostrar solo una careta como para mentirse a ellos mismo que aun llevan dentro su cultura. Es por eso que coincido con la idea de Luis Valcárcel quien dice que hay una gran diferencia en el país y plantea una dicotomía esencial entre Lima y el Cusco.

Para rescatar, entonces, es la idea de donde parte Belaunde al plantear que por ser un país multicultural la única forma de avanzar es reconocer a cada una de ellas, y por la misma senda encontrar la reconciliación nacional. No apelar a una única cultura pero si  a una sola identidad general donde todos se integren y formen una nación poderosa en tradiciones, costumbres y valores como lo fue El Imperio Incaico porque eso de que lo bueno de los españoles es que nos dejaron sus valores morales a través del catolicismo es una mentira porque para los árabes nosotros somos inmorales y para los budistas ellos son inmorales y así se forma una cadena interminable porque todos emitimos juicios de valor desde nuestra propia perspectiva y nunca desde la otra, así que todo lo nuestro siempre va a ser el bien, lo mejor, lo moral, lo aceptable.

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