Las mil y una noches de la Carretera Central

Cada fin de semana, los centros nocturnos de Santa Anita y Vitarte, son tomados por la algarabía, la diversión y las costumbres andinas de su gente. Jóvenes y adultos, provincianos que alguna vez dejaron su tierra en busca de éxito, terminan las estresantes semanas de trabajo y estudio, disfrutando de las ‘bondades’  de la carretera central; pero claro, con un estilo un poco diferente, en el que aparece más de un personaje capaz de resumir con su propia vida el significado, por ejemplo, del fenómeno de la migración.

–          ¡Muchachos ya están llegando las flacas!

De inmediato, ‘Chevi’ cierra su celular y lo aguarda en uno de los bolsillos de su casaca Dolce & Gabana made in Gamarra, mientras tanto los demás caminan impacientes. ‘Chevi’ se acerca a una señora que está al costado de la puerta, acurrucada por el frio de la noche,  toma un cigarrillo de la canasta y ella lo enciende. ‘Cuchi’ y ‘Vito’ conversan, o más bien, discuten. ‘Vito’ le recrimina porque no trajo la plata que le debía, pero al final están animados. Tranquilo causa, plata hay pa’ toda la noche, dice ‘Cuchi’. Unos metros más abajo aparece Pompeyo; vuelve de guardar su mototaxi en una cochera cercana; Él es el único a quien lo llaman por su nombre. Con un nombre así pa’ que la chapa pe’ batería. Diría luego ‘Chevi’ que es algo así como ‘el líder de la manada’. Se vuelven a reunir los cuatro.

–          ¡Batería, llegaron!

–          Compare chequea y aprende.

Tan pronto como ellas bajan del vehículo los muchachos se acercan. ‘Chevi’ está acostumbrado a tomar la iniciativa, así que sin vacilar paga la mototaxi. Los demás se saludan entre sí con un peculiar movimiento de manos y dedos y, por supuesto, con un beso en la mejilla. Mamacita que fue de tu vida, le dice ‘Chevi’ a una de ellas, mientras le da una vuelta tomándola de la mano, luego la abraza y empiezan a caminar hacia la puerta. Detrás de ellos caminan las demás chicos y chicas conversando entre sí. ‘Chevi’ que en verdad se llama Wilmer, ya eligió a la chica con quien ‘toneará’ esta noche.

–          Compare vamos, ah y alístate porque hoy vas a conocer lo que es un verdadero tono.

Todos ellos tienen poco más de 20 años. ‘Cuchi’, quien llegó de Tarma en el 2010, aún está tratando de terminar la secundaria en el Colegio Nacional de Varones de Vitarte, aunque ya debió de haber acabado el año pasado. Y de las chicas ni que hablar: una de  ellas también está en quinto y las demás trabajan como vendedoras en un mercado de Vitarte. Pero hoy, sábado fin de semana, casi a las 9 de la noche todos han elegido ‘tonear’ y ‘chupar’ -como dice ‘Chevi’ – en  El Lucero de Santa Anita, para olvidar las penas, las estresantes y repetitivas llamadas de atención los patrones o, en el caso de los colegiales, las desesperantes llamadas de atención de los profesores.

A lo largo de la Carretera Central, desde el Ovalo de Santa Anita hasta la entrada de Huaycan existen decenas de discotecas, centros folklóricos y locales ‘chicheros’. A ellos, todos los fines de semana concurren cientos de personas quienes en su mayoría son provincianos que luego de una semana de intenso trabajo por progresar llegan a relajarse y a reunirse con sus viejos paisanos. También llegan a ellos jóvenes como el grupo de ‘Chevi’ quienes dicen ser responsables y no ser para nada muchachos libertinos.

–          Nosotros trabajamos duro toda la semana, hasta ‘Cuchi’ que aún está en el cole también trabaja. Nosotros somos barrio pe’, pero responsables.

Previo pago y ya están adentro. Ahora a escoger un sitio donde aún haya espacio, un lugar estratégico lo llama ‘Chevi’. Aquí importan tres cosas -aclara nuevamente el líder-, la chela, la música y el baño, así que aquí estamos cerca de la ‘cantina’, el escenario y no tan lejos del baño. Dentro de unas horas este local estará totalmente lleno y no se podrá ni siquiera desplazarse entre la gente así que toman sus precauciones e inician con ‘la chancha’ para asegurarse. Compare, cuanto da el infiltrado de la noche, dice ‘Chevi’ jocosamente-, y no te preocupes por tu amiguita que ella hoy toma gratis. ‘Vito’ y ‘Cuchi’ llegan con dos cajas de cristal y la colocan al centro. En palabras de ‘Vito’ 24 chelas solo son el comienza para el grupo de 10 personas.  

Jóvenes de todas partes llegan a las fiestas de fin de semana a lo largo de la Carretera Central

Jóvenes de todas partes llegan a las fiestas de fin de semana a lo largo de la Carretera Central

Aunque parezca extraño, las fiestas en el Lucero, el Cochas, Hatunwuasi, la Balanza, Plaza Vitarte comúnmente empiezan a la una o dos de la tarde los fines de semana. Son estos días en que los huancaínos, jaujinos, huarochiranos, yauninos y demás provincianos organizan sus fiestas patronales en la capital. Hoy en el Lucero, a estas horas de la noche, siguen celebrando la fiesta en honor a la Virgen de las Mercedes y que durante la tarde tuvo presentaciones de estampas costumbristas, concurso de danzas y la infaltable banda de músicos.

–          Lo de la tarde es pa’ los tíos nosotros venimos recién pal tono de la noche.

Según ‘Chevi’ ellos se las ingenian para que los menores de edad puedan ingresar. Si eres menor de edad no entras, pero si estás conmigo si pe’, recalca ‘Chevi’ afirmando que las muchachas que están en el colegio no toman, solo bailan y además se retiran temprano. Nosotros si nos quedamos de amanecida, lo justo pe’ batería, agrega el líder del grupo, mientras todos bailan al ritmo de Alín y la triple A.

–          Campare ya viene la Nueva Estrella, no te quites.

La promesa de volver está hecha. Unos metro más abajo, en dirección al ovalo de Santa Anita está el local Centro Social Cochas y antes de la media noche todavía hay decenas de personas en el exterior. Al parecer se encuentran en el dilema si Cochas o Lucero, si Nueva Estrella o Los Temerarios. El precio no importa porque en ambos locales la entrada está 10 soles y la cerveza cristal 7.

Así como en el Lucero están los huarochiranos, en el Cochas están los canteños. Hoy celebran el aniversario de un grupo musical de la provincia no tan conocido y que si no fuese por la presencia de Los Temerarios, La insuperable y Marisol Cavero de seguro el local a estas alturas de la noche estaría casi vacío, ya que como dice José Durand,  mayordomo de la fiesta patronal en el Lucero, para sacar algo de ganancia se tiene que contratar grupos conocidos en la carretera central. No te exagero si te digo que hay noches que en el Lucero y en el Cochas la entrada genera hasta 20 mil soles y se venden hasta mil cajas de cerveza. En la ‘chela’ está la ganancia cuando contratas grupos conocidos.

Pero si de ganancias altas se trata es indiscutible que el Santa Rosa vence a todos en estadísticas de ingreso. Un fin de semana, sábado o domingo, pueden presentarse hasta 10 o 15 artistas en una misma fiesta y algunos han calculado sus ganancias cercanas a los 6 dígitos. Y es que estar en el punto en el que convergen la Panamericana Sur, la Panamericana Norte y la Carretera Central es uno de sus potenciales, tanto que a él concurren personas desde Villa el Salvador, Puente Piedra, San Juan de Lurigancho, Chosica, convirtiéndolo así en el principal escenario del folklore peruano en la capital.

–          Santa Rosa no paga, ahí todo es folklore nosotros somos chicheros, ‘toneamos’ con la cumbia huarochirana. Somos Lucero 100 porciento.

Y entonces se da una vuelta, la toma de la mano, le da un giro, hace un paso para atrás y vuelve, luego uno al costado, levanta las manos, ella lo sigue, la toma de la cintura, ella del brazo, recibe la cerveza, luego el vaso, la bebe, la pasa, lo siente, nuevamente entra en onda, tiene su estilo, los demás tratan de imitarlo, se chocan entre ellos, cada vez es más pequeño su espacio, cada vez más corto el circulo, cada vez menos ‘la chela’, cada vez entra más gente, cada vez, cada vez, cada vez que La Nueva Estrella toca e interpreta “amigo más licor” y está con unas chelas encima le da ganas de llorar, pero nunca le da gusto a sus más profundos sentimientos. En su mente se dibuja el pasado y retornan a él los recuerdos de una noche alegre, feliz, pero transformado, ahora, en una noche fatídica, trágica, funesta. Y entonces le recuerda ‘Vito’: por webón murió gato. ‘Chevi’ trata de disimular pero sus ojos lo delatan y, de pronto, cambia de conversación.

–          Compare mejor te cuento de los tonos bravos, los lanza botella. Full Chacalon, Pascualillo y Centella.

Pero antes de llegar a los ‘tonos lanza botella’, como dice ‘Chevi’, hacemos un alto en el kilómetro 5 de la Carretera Central, poco antes de donde se ubicaba el desaparecido mercado Ceres. Casi frente a él está “La casa del folclore”. Dentro, la luz tenue y una peculiar luz sicodélica al centro del pequeño ambiente le da un toque de serenidad, a pesar de que una no tan conocida Yuli Zevallos genera el debate en más de una mesa: interpretar canciones de  las afamadas Dina Paucar y Sonia Morales trae consigo definir quién de ellas es la mejor. Pese a esto la noche en “La Casa del folklore” transcurre a modo de concierto donde las  artistas del huayno dan sus primeros pasos en el mundo del artístico vernacular.

Unas cuadras más arriba, con dirección a Chosica están los más jóvenes, los adolescentes, los colegiales quienes no simpatizan ni con la chicha ni con el huayno. El reggaetón es lo suyo y el especialista en los mejores remix de Vitarte, según la muchachada, está en El Paraíso donde un desconocido DJ Hadezseduce mediante sus ágiles y creativas manos a más de un adolescente. Se rinden a la música y empiezan con los sugerentes pasos ya, por estos tiempos, conocidísimos, donde las hormonas parecen tomar el control de la pista, hormonas que alguna vez también tomaron el cuerpo de ‘Chevi’.

–          Recién habíamos llegado a Lima y queríamos conocer los tonos reggaetoneros de Lima. Como todo chibolo pe’.

Fue ahí donde aprendió de la vida limeña o, más bien, vitartina. Ahí agarré calle pe´ compare –recalca ‘Chevi’-  además aprendí a ‘perrear’ como se debe. De su paso por el ambiente regueatonero aún le quedan algunas  pruebas, como las típicos palabras ‘batería’, ‘causa’, barrio’ o su singular forma de bailar la cumbia donde parece combinar los pasos cumbianderos con algunos gestos y particularidades del reggaetón.

‘Chevi’ quien no olvidemos se llama Wilmer Encarnación, llegó de Huarochirí en el 2007 junto a ‘Vito’, Pompeyo y un amigo más. Todos se instalaron en casa de un familiar. ‘Chevi’ llegó en un tío pero pronto empezó a tener problemas con sus primos, así que desde hace dos años vive en un cuarto alquilado que comparte con un amigo del Mercado Mayorista de Fruta que es donde trabaja y donde conoció al colegial ‘Cuchi’. Llegó queriendo estudiar veterinaria pero luego de estar un año en la academia sintió que sus padres, quienes aún viven en Huarochirí, estaban haciendo demasiado esfuerzo por pagar la mensualidad, así que decidió trabajar  y hoy ni siquiera ha pensado en retomar los estudios.

–          En el mercado de frutas hay plata, compare. Pronto tendré un puesto ya veraz.

Y sigue bailando. Entonces pasa cerca al grupo, una señora delgada, pequeña, muy bien maquillada y peinada, con una pollera ancha y un enorme manto rojo que casi la cubre por completo pero que se la quita ni bien pisa el escenario: es hora de un poco de huayno. Anita Santibáñez empieza su turno con uno de sus más sonados temas, mientras que La Nueva Estrella abandona el escenario, yéndose con él los recuerdos que hace un momento casi derrumban a ‘Chevi’. Y es que así ‘Vito’ repita mil veces, por webón murió gato, ‘Chevi’ seguirá sintiéndose culpable por lo ocurrido con ese cuarto amigo con quien un día llegó a Lima y perdió hace poco más de nueve meses.

–          ‘Gato’ era mi hermano, mi causa.

Y finalmente parece derrumbarse. Era la noche de un sábado cualquiera en Abril de este año, como de costumbre habían ‘toneado’ hasta las 2 de la mañana en este mismo lugar y con la misma orquesta. Cosa rara –diría ‘Chevi’ dos días después en su trabajo en el mercado de frutas- yo siempre lo acompañaba hasta la entrada de su casa en Santa María en Ceres porque cuando se emborrachaba siempre le hacía problema a su mujer. Ese día ‘Cheví’ se había molestado con ‘Gato’. Hasta hoy, nadie sabe a ciencia cierta por qué. Creo que ‘Chevi’ se había enterado que Gato se la estaba levantando a la chica de la pollería. Y ella le gustaba a él, supuso ‘Vito’ mientras trabajaba también en el Mercado de Frutas. Lo cierto es que ese sábado ‘Gato’ llegó solo a su casa y armó su acostumbrado pleito. Acostumbrado también era que la mujer de Gato ante estas circunstancias optara por proteger a su hija y refugiarse en la casa de una amiga que quedaba a unas cuadras del lugar. Según vito, Gato nunca le pegaba a su esposa, solo le hacía unos cuantos berrinches y se quedaba dormido poco después de que su esposa se retiraba donde su amiga. La verdad que era loco cuando estaba borracho quería pegar a todo mundo, recuerda ‘Chevi’.

Con la esposa fuera de la casa, a Gato le quedaba únicamente dormir. Pero esta trágica noche, en medio de su embriaguez, los demonios se apoderaron de él. La ira de no tener a nadie con quien desfogarse lo llevó a descargar toda su locura contra él y, entonces tomó un cable y lo ató a una viga del techo de su casa a donde recientemente se había mudado y había construido a base de palos, madera, esteras y algo de  fierro y cemento. A la mañana siguiente, al regresar su esposa se encontró frente al trágico escenario. Según las investigaciones policiales y la necropsia respectiva ‘Gato’ había muerto casi al instante de estar colgado del cable porque su cuerpo embriagado nunca emitió ningún impulso para tratar de zafarse. Por webón se mató ‘Gato’, repite ‘Vito’ cada vez que se acuerda, frase convertido ahora en su mecanismo de defensa.

–          Compare, que entre la Nueva Estrella de nuevo, ya mucho huayno.

Camina cansado de tanto zapatear, casi sudando. Siendo un poco más de la una, ya del domingo, los signos de la cerveza en su cuerpo poco a poco comienzan a aflorar. Mientras tanto en el Cochas Los Temerarios siguen armando la juerga de fin de semana, en el Santa Rosa de seguro un Chinito del Ande o Silverio Urbina hace lo propio. En la Casa de FolKlore en Ceres Elida Chinchay canta sus últimas canciones de la noche. Pero en el Lucerito de Pariachi el tono recién empieza y aquel adjetivo peculiar con el que ‘Chevi’ califica a estas fiestas empieza a volverse realidad. Los ‘tonos’ con Pascualillo Coronado siguen siendo bravos en esta parte de la Carretera Central muy cerca de la entrada de Huaycan.

Algunos comentarios del animador y del mismo Pascualillo tratan de calmar los ánimos de un grupito de amigos que al parecer han dejado de serlo. Entre ellos empiezan a agredirse y no falta por ahí un borracho que con una botella rota en mano trata de intimidar a su contrincante, pero esto resulta suficiente como para que dos fornidos hombres con chalecos negros saquen a empellones al iniciador de la trifulca y vuelva la calma al ‘tono’ de fin de semana en el Lucerito de Pariachi. Y por más que el borracho toque y toque la puerta del local no volverá a entrar porque de hacerlo quizás pueda convertir a la fiesta de esas a las que llaman “lanza botella”.

–          Los tonos por ahí son bravos porque empiezan tarde, en cambio aquí a las 2 ya nos estamos quitando.

Entonces, salen uno tras otro, en fila, tratando de no chocar demasiado a nadie, ya que no falta por ahí un ‘fosforito’ de esos que al más leve rose piensan que se les está buscando pleito, como sucedió hace tres sábados atrás. Pompeyo se adelanta, ‘Vito’ compra el último cigarro de la noche a la misma señora de la canasta que sigue a la entrada del local. Todos aprovechan para ir al baño, pero intentarlo es toda una odisea a estas horas en el que el local aun luce repleto. Minutos después, todos están afuera y desde abajo en dirección al ovalo aparece Pompeyo con su mototaxi. Se despiden y se retiran en grupos, mientras algunas personas recién ingresan al Lucero, otros también entran, pero metros más abajo, al Cochas. Ese día nos quitamos temprano porque normalmente con mi compare ‘Chevi’ nos ‘podrimos’ hasta la amanecida, comentaría ‘Vito’ días después.

La noche continúa con las fiestas a lo largo de toda la Carretera Central. Los jóvenes provincianos con la cumbia, con la ya conocida ‘saxocumbia’, con la ‘chicha’, otros un poco más capitalinos, con el reggaetón del Paraíso de Vitarte y cientos de adultos con el huayno del Santa Rosa o la Casa del Folckore. Y de seguro, continuará hasta cuando las últimas personas creyendo que aún sus artistas siguen cantando y tocando, no se trate nada más que la reproducción de un disco que engaña a la madrugada y a sus ‘sobrevivientes’: bajo el sueño despierto que produce la cebaba espumante, ya nada es real aunque lo parezca.

Ahora, la música sigue sonando pero cada vez a través de menos parlantes; los ‘cargadores’ los van bajando uno tras otro hasta que finalmente todos son trasladados hacia el camión, quedando el local casi en total silencio. Aunque a la mayoría de ‘sobrevivientes’ los desaloja el brillo de la mañana, hay quienes tienen que ser desalojados por los propios guachimanes cuya resistencia a salir crea ese pequeño bulla que todavía queda en el local. Pronto, el Lucero cierra sus puertas, esperando el próximo fin de semana en el que se abra para albergar a una nueva historia, a un nuevo personaje, a un nuevo infiltrado en busca de algo nuevo que contar.

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